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Logia Itálica 107

La Respetable Logia Itálica 107 da la bienvenida a cuantos deseen  formar parte de la masonería en Sevilla, confiando en que encuentren en ella,  las respuestas y la satisfacción a las razones que han hecho que se acerquen a nosotros.

Historia de la logia masonica Italica 107

La logia Italica 107 quedó regularmente constituida el 8 de mayo de 1999, según consta en Carta Patente otorgada por la G.·.L.·.E.·., como logia masónica en Sevilla para trabajar y ejercer el Arte de la Masonería en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Como su propio nombre sugiere, nuestro Taller rinde homenaje a la cultura del mundo clásico latino, cultura desde siempre vinculada a nuestra Orden, de vasto conocimiento y acendrada implantación, en una ciudad que acaso fuera su más acrisolada presencia en Andalucía: Itálica.

Al levantamiento de sus columnas contribuyeron hermanos de otras Logias; la Constitución nº 63 de los valles de Cádiz, Lessing nº 15 de los valles de Málaga, Phoenix nº 31 de los valles de Madrid, Sydkorset nº 23 de los valles de Fuengirola (Málaga) y Giner de los Ríos nº 30 de los valles de Granada.

Logia masonica en Sevilla

El emblema o escudo de nuestra Logia masonica evoca el rosetón gótico sobre la puerta del Príncipe de la catedral de Sevilla, para recordar nuestros antecedentes de constructores y trabajadores de la piedra. Con el paso del tiempo el Taller se va consolidando y la pericia y buen hacer de los nuevos miembros hace que algunos Hermanos fundadores se retiren a sus logias de origen para dejar su lugar a los nuevos francmasones ingresados. A todos ellos nuestro reconocimiento y gratitud.

Tiempos difíciles en los que no tenemos una sede fija. Las tenidas, ágapes y demás actividades se tienen que celebrar en un salón alquilado en los sótanos del Hotel Al-Ándalus Palace, en la Avenida de Jerez.

No obstante los trabajos alcanzan la cadencia apropiada tras los inicios suaves de un Taller que, poco a poco, va tomando fuerza y vigor. Se redactan los Reglamentos Internos de la Logia, se trabaja en los tres grados, se utiliza el Fondo de Beneficencia en labores sociales, y en lo que se puede, de cara al exterior, se organizan cursos sobre Masonería en Sevilla.

masones en SevillaEn enero del 2005 el Taller se traslada a una nueva sede, un local estable, privado y exclusivo para nuestro Trabajos en el que se instala el Templo y se disponen las estancias anexas para la Secretaría, biblioteca y demás necesidades. A partir de ese momento el trabajo se multiplica, se adquieren enseres para el Templo, las Tenidas se hacen más numerosas y los candidatos a la iniciación aumentan. Se celebran las Ceremonias de los Solsticios y se organizan tenidas blancas con la participación de profesores de la Universidad de Sevilla y otros ámbitos culturales, a las que asisten profanos próximos a los Hermanos.

De Itálica 107 son los hermanos que levantan las columnas de un nuevo taller en Huelva. Como actos previos se organiza un curso de extensión universitaria sobre “La Masonería en España”, en la Universidad de Huelva, con el montaje de una exposición de objetos masónicos y, cerrando los actos, una Tenida Blanca abierta al público en general y al mundo universitario en particular.

Haciendo referencia a la masonería en Sevilla, Itálica sigue y tres años después se repite un nuevo levantamiento de columnas de un taller masónico en Córdoba, con su participación fundamental. Un nuevo horizonte, una renovación continúa y un trabajo incensaste hacen que Itálica 107 afronte el futuro más cercano con nuevos ímpetus para hacer de sus miembros y de la sociedad sevillana, hombres más libres en un mundo donde el Progreso bajo el lema de libertad, igualdad y fraternidad, se haga cada vez más real.

Abierto a las nuevas corrientes de pensamiento y de costumbres, busca la colaboración con instancias universitarias y culturales en las denominadas tenidas blancas, abiertas al público, mediante charlas y conferencias; todo ello para hacer viable un progreso moral e intelectual, en un clima de respeto y tolerancia, en sus miembros y en la sociedad sevillana más cercana, con un espíritu reflexivo y crítico.
La logia Itálica 107 se configura como un taller heterogéneo, distintas ideologías, diferentes creencias, diversas actividades profesionales…, pero todos unidos en dar respuesta a los interrogantes de nuestro tiempo en un debate permanente, libres de pre-juicios y en un pensamiento basado en la razón. Todos diferentes y todos igualmente importantes.
Este es el taller Itálica 107, un espacio para la reflexión en libertad, sin temores ni tabúes.
Como masones construimos, aunque nunca demos por terminada nuestra labor. Estamos en el camino, hemos renunciado a pararnos, la posada ni se vislumbra; pero ahí estamos, intentando poner un grano de arena en El Progreso que, como tal, nunca tendrá fin.

Vienen los Masones!!

Hijo, ven a ver, vienen los Masones

Fracmasones en Sevilla

¿Quiénes son?
Ellos… los que van caminando de Oriente a Occidente y de Norte a Sur, con los pies firmes en el Universo.

¿Por qué tiembla la tierra a cada paso que dan?
Porque cada uno carga sobre sus espaldas el peso de un Templo erigido a la Verdad.

¿De dónde son?
No tienen fronteras, la tierra es su casa y el cielo es su techo, formando una raza sin color y de todos los colores, pero tienen señales que los hacen diferentes de los demás.

¿Cómo los reconoces?
Llevan el silencio en la boca y el dedo pronto para señalar lo injusto, lo falso y lo hipócrita. Estar entre ellos es estar como en casa, no necesitas máscaras, basta ser tú mismo.

¿Cuántos tipos de Masones existen?
Dos, los que son Luz y los que todavía están en la oscuridad. De estos últimos hay muchos pero de los primeros hay pocos; de estos primeros podemos esperar todo, ya que sus rostros son lisos, no tienen arrugas ni permiten dobleces, no temen nada porque para ser Luz tuvieron que morir para la vida profana para finalmente poder vivir.

Vienen del seno de la tierra para ver la Luz y ser Luz, la misma que ilumina el camino de sus Hermanos.

Todo comienza y todo termina en su interior, en su alma, dejando el capullo como mariposas. Mudaron y dejaron la piel vieja por una nueva que está llena de Luz.

 

Masonería operativa en Sevilla

La existencia de la masonería podría dividirse en tres periodos, el primero, en el que la masonería es denominada operativa, que abarca los siglos XIII a XVI, y coincide con la edificación de las grandes catedrales góticas en la que el centro de unión de los colectivos masónicos gravitaba sobre el oficio de la construcción.

Masonería operativa, masonería regular Sevilla, masones en Sevilla

El segundo, o de los Masones Aceptados, abarca el siglo XVII y los primeros lustros del XVIII. Se trata de un tiempo de transición en el que las sociedades masónicas fueron admitiendo miembros honoríficos, llamados accepted masons, no dedicados a la construcción y el tercero y último comienza en 1717 y llega hasta nuestros días. En este tiempo se califica a la masonería como especulativa porque está compuesta únicamente por miembros «adoptados» de modo que se separa definitivamente del arte de la construcción y persigue exclusivamente una finalidad ética. Aunque la masonería especulativa conserva la terminología propia de la construcción, su significado es meramente simbólico.

Cuando recién entrado el siglo XV el Cabildo Catedralicio de la ciudad de Sevilla se lanza a la aventura de la construcción de una nueva catedral, no saben que están creando las condiciones adecuadas para la consolidación y auge del gremio de constructores que ya operaba en el resto de Europa siglos antes; la masonería operativa propiamente dicha iba a asentarse en nuestra ciudad.
Anterior a este acontecimiento, los datos que se tienen de estos constructores son escasos debido a que una importante porción de la documentación relativa a todo ello ha desaparecido y sobre todo y más importante, la poca actividad y las pobres condiciones que se dieron. Época que podemos iniciarla con la toma de Sevilla en 1248 por las tropas de Fernando III, resultando de ello unos acontecimientos fundamentales para nuestra historia.

La ciudad una vez conquistada queda marcada por la cercanía de la frontera y la realidad que imponía la propia guerra contra los musulmanes. Se vive durante siglos de cierta provisionalidad, dominada por la inestabilidad política y dificultades económicas.
En este ambiente la arquitectura local creció muy influenciada y condicionada. Siempre que se pudo se aprovecharon los edificios que pertenecieron a la ciudad islámica. La Aljama o Mezquita Mayor se consagra como Catedral y el alminar queda como campanario de la misma. Las nuevas construcciones se realizan con modestia y sin excesivas pretensiones, salvo determinados proyectos de patrocino real. La característica de esta arquitectura fue la introducción de los primeros motivos góticos desarrollados por canteros procedentes de Castilla.
Las primeras obras de este tipo se acometieron bajo el reinado de Alfonso X. Entre los años 1252 y 1258 se ejecutan Las Atarazanas, el Palacio Gótico del Alcázar, las iglesias de San Gil y la de Santa Ana en Triana, y La Torre de don Fadrique (con el gran simbolismo esotérico que encierra esta Torre).
Torre de Don Fabrique, masonería en Sevilla

En este periodo cristiano de la edad media se crean a raíz de la referida conquista, corporaciones y cofradías de los distintos oficios que trabajan en la ciudad, entre las que se encuentran la de los Alarifes y albañiles. Entre las ordenanzas impresas de la Ciudad se halla “El Libro del Peso de los alarifes y Balanza de los menestrales” que por su forma de redacción y el lenguaje que en él se emplea pertenece indudablemente a la época de Alfonso X.. En este libro se recoge que “ a los unos y a los otros (los maestros y oficiales albañiles y carpinteros moros), en felicísima hermandad, se otorga el libro donde se fijan las normas para juzgar pleitos y dirimir contiendas profesionales; se organiza el gremio de los alarifes con sus Alcaldes, que habían de ser hombres de buena fama sabedores de la Geometría; se reglamenta el cometido de los maestros, oficiales y aprendices, y se dictan curiosas reglas de carácter general en lo tocante al ejercicio de dicho arte.” Se prescribía que fuesen personas de gran fidelidad, irreprochable integridad moral e inteligencia. Leamos la introducción del libro que dice así:

Aquí comiença el libro de los juicios de las frogas,
y de las labores nueuas, y de las viejas como se han de fazer,
y derribar, y de todos los otros edificios, de qual manera se
deuen reparar, y de cómo se han reparar, y mantener
el qual libro se dize por ende, Peso de los alarifes.
Balanza de los menestrales.

“Agora dixo el componedor deste libro: El arte de los alarifes que son maestros de frogar, o labrar carpintería, es noble arte, cumplida en si, y acreditada en la nobleza del rey, y el Reyno, si en ella parare mientes, como deuen; y ponen paz en el mundo, y amor entre los omes, onde es carrera para muchos bienes; y porque departen las contiendas, es llamada tisera(tijera) de las peleas, que acuelga de la sancta Escriptura, que dize: Que deue ome querer a su proximo como a sí mismo, y que no le plaga daño, mas que del suyo mesmo. E porq esta arte de los alarifes, es muy menguada en esta tierra, y llaman alarifes a los q no merecían auer el nombre solamente, porque los maestros del arte, eran mas menguados, que cumplidos, y mas nescios, que anuisos;…
…E fizo este libro, porque sea peso, y faga, y guarda a los omes, dando su derecho a cada una de las partes, y pusole nombre. Peso de los alarifes, y Balanza de los menestrales, porque el de su nombre fuese tomado de aquesta arte; y aqueste libros, fue compartido en xli capitulos de juicios, para juzgar las frogaa, y otras cosas que pertenecen ser juzgadas por los alarifes, y pusieron fin a este libro, cosas que son seguidas de aquest arte, que son de Geometría, que las han los alarifes mucho menester, y son figuradas porque se entienda mucho mejor”

Se pueden datar estas ordenanzas dentro de la segunda mitad del siglo XIII y aunque no podemos considerarla de la importancia que tuvo “El Manuscrito de Estrasburgo” como inspirador para la masonería moderna, si merece un estudio mas profundo para un futuro trabajo. Lo que no cabe duda es que se encuentra en la misma filosofía que componen las ordenanzas que aparecen en esta misma época en otros lugares de Europa fijando los deberes, los conocimientos y costumbres que deben de tener los miembros de la cofradía de constructores, como pudieran recoger “La Carta de Bolonia” de 1.248, “El Manuscrito de Estrasburgo” de 1.275 o el “Poema Regius” 1.390.
No se tienen noticias del “componedor” de este libro, aunque se supone que puede tratarse de uno de aquellos intelectuales judíos al servicio de los monarcas castellanos. La cita inmediata de la Sagrada Escritura, al comienzo de la introducción, así como la suficiencia con que hace distinción de cuales deben de ser los auténticos alarifes, aquellos que posean unos saberes técnicos, contraponiéndolos a aquellos otros alarifes que eran maestros solo porque sabían labrar almocárabes, nos induce a pensar en ello.

La mayor parte de los edificios de la ciudad anteriores al siglo XIV denotan el quehacer de unos canteros modestos que además no fueron muchos en número. (Pocos edificios utilizaban la piedra en su ejecución). Ello explica la ausencia de noticias sobre la existencia de un gremio bien consolidado. El poco arraigo del arte de la cantería en la ciudad había impedido la formación de un colectivo de constructores en piedra, sólido e influyente. Por lo tanto, no se podía esperar una presencia activa por parte de estos artesanos en la futura obra de la nueva catedral.
Pero esta situación iba a cambiar, el miércoles 8 de julio de 1.401, recién entrado el s. XV, en el famoso acuerdo del Cabildo catedralicio que dice: ”Vacante la iglesia (…), estando presente el Deán, Canónigos, Dignidades, Racioneros y compañeros, dijeron, que por cuanto la Iglesia de Sevilla amenazaba cada día ruina (…), que se labre otra iglesia tal y tan buena que no haya otra igual y que se considere y atienda a la grandeza y autoridad de Sevilla y su iglesia, como manda la razón”.
El pueblo de Sevilla fue testigo durante tres cuarto de siglo de la magnitud de las obras y el espectáculo que conllevaba, espléndido e increíble resultado de aquel acuerdo capitular. La Grande, “La Magna Hispelensis” como se la conoció entre las cuatro maravillas del gótico español, junto a la “Pulcra Leonina”, “Nobilis Burgensis” y “Dives Toletana”.
La construcción de la nueva catedral había nacido de un proyecto concebido ideológicamente para acabar con el estado de cosas en que estaba sumida la ciudad desde su conquista a los musulmanes y que anteriormente se ha expuesto. Se pretendía imponer un modelo eminentemente cristiano, e imponerse sobre una ciudad aún de aspecto musulmán.
Consecuencias trascendentes para la ciudad y la propia construcción:
1º.- Por un lado supuso repudiar, voluntariamente, los modelos mudéjares y levantar una obra acorde con las tendencias más renovadoras del occidente cristiano, es decir, “el gótico flamígero”. Esta obra debía levantarse sin mestizajes ni impurezas.
2º.- Por otro, como consecuencia lógica, desestimar el concurso de los albañiles, alarifes y carpinteros de lo blanco, oficios ligados al arte mudéjar; así como de los modestos canteros que hasta entonces trabajaban en la ciudad.
Las grandes obras de las catedrales europeas, y ahora si podríamos decir que la que comenzaba en nuestra ciudad podría rivalizar con ellas; resultaban complicadas y eran muy sensibles a las nuevas corrientes arquitectónicas. Por ello requerían profesionales especializados, con experiencia y dotados de una cualidades acorde a las necesidades técnicas y estéticas del momento; lo cual generaba plantillas de operarios de muy diversas procedencias, para los cuales la movilidad era norma de vida. (Importantísimo factor a la hora de la trasmisión de conocimientos). Esta circunstancia se dio en la ejecución de la nueva catedral.

Masoneria operativa, masones en Sevilla, masonería en SevillaTanto el seguimiento de los libros como el propio estilo de la obra, denotan una presencia valiosa de canteros extranjeros, sobre todo al principio y en los cargos más relevantes. Los primeros maestros conocidos y con toda probabilidad los autores de las trazas de la catedral fueron “el maestro Ysambert” y el “”maese Carlin”, se documentan en los años 30.
El 24 de abril de 1431 un seísmo arruino muchos edificios de la ciudad, causando graves desperfectos en la mezquita-catedral. A raíz de ello, este edificio comenzó a ser derribado en 1433 y a renglón seguido, estos maestros iniciaron, a compás de su destrucción, las aparatosas obras de elevación del grandioso, austero y riguroso templo gótico.
Pero si grandioso e importante es el Templo, no menos importancia tienen los hombres que llevaron a cabo la elevación del mismo. Intentaremos por tanto centrarnos mas detalladamente en este colectivo, no alejándonos por ello de la descripción puntual de algunos aspectos del edificio.
Consideremos por tanto a Carlí Galtés, maese Carlin como se le conoció aquí, como el primer gran maestro de las obras de la Magna Hispalensis. Nacido en Rouen (Normandia) hacia 1378. Se formo bajo la sombra de la imponente catedral de su ciudad natal y huyendo de allí durante la guerra de los cien años, emigró a Barcelona y permaneció ya para siempre en los reinos hispánicos. Fue un arquitecto itinerante, propio de aquella época. Participó como maestro en las catedrales de Barcelona y Lérida, paso probablemente por Zaragoza y recalo definitivamente en Sevilla. Por el seguimiento de sus obras nos permite entender que estaba formado en el Gótico Internacional y que dominaba la decoración de pequeña escala, preciosista y laboriosa.  Como maestro masón, en Sevilla dio su verdadera talla, al resolver brillantemente el deseo megalómano del Cabildo hispalense, sirviéndose de materiales importados de baja calidad y canteros itinerantes. Contribuyo gracias a su ingenio y al seguimiento de ciertas preexistencias de la mezquita, a la cabecera de una serie de templos muy importantes y anómalos, como son las catedrales de Salamanca, Segovia y México.
En 1448 se pierde la pista de maese Carlin, supuestamente a causa de su muerte, no teniendo noticias de donde ocurrió ni lugar de sepultura. Le sucede en el puesto de Maestro Mayor su aparejador Juan Norman, igualmente de origen normando que continuara la dirección de las obras hasta su muerte en 1478. Con la desaparición de este se consume la definición del templo en altura, el cual quedó marcado para siempre por el estilo de estos dos grandes maestros. A las ordenes de ellos hubo otros profesionales de origen galo, como Juan Maçon o Simón Doryn, a quien se le encomendaron misiones importantes en la localización de nuevos materiales a mediados del s. XV.

Masones SevillaEl último gran maestro masón  extranjero fue Simón de Colonia entre 1495 y 1498, compartiendo su labor entre las ciudades de Sevilla y burgos, donde tenia importantes obras. Tras él los responsables de las obras catedralicias fueron todos españoles. En cuanto al resto de operarios procedían del norte de la península (vascos y cantabros) así como de Castilla. Resulta curioso como en los cargos de mayor importancia se fueron instalando canteros nacionales. Ello comenzó con el acceso a la dirección de obras de Juan de Hoces y siguió con Pedro de Toledo y Alonso Rodríguez. En dicho taller, progresivamente se fue configurando toda una escuela de cantería donde se formaron grandes profesionales.

EL TALLER.
El taller era el lugar donde los canteros desempeñaban sus labores. Allí los moldureros y entalladores trabajaban la piedra protegidos de las inclemencias del tiempo. Era donde guardaban sus dibujos y herramientas, donde solían comer y con frecuencia, “dormir la siesta”.
Se trataba de una estructura de fabrica modesta, cubierta con maderas o cañas o tejas viejas, que solía apoyarse sobre los muros de la propia obra de cantería. A medida que la obra crecía el taller se fue desplazando, (posiblemente el primer lugar habilitado para ello durante la obra gótica para almacenar materiales y ubicar el taller de cantería fue el Patio de los Naranjos; lugar donde aun el 1560 se documenta una instalación de este tipo), de tal modo que en 1545 se hallaba en lo que luego fueron las Salas del Cabildo* en el ángulo sur-oriental del templo, cerca de la plaza de los Cantos (llamada así por ser lugar donde se descargaban los sillares o cantos de piedras. Actualmente es la plaza del Triunfo). Por entonces se encargaron tejas usadas para guarecer a los oficiales del sol y de la lluvia.
Por otro lado, existia otra estancia de trabajo independiente del taller, por lo general utilizada por el Maestro Mayor: “la casa de la traça”, lugar donde pasaba muchas horas fuera del polvo y las incomodidades desarrollando su trabajo como diseñador. Aquí guardaba sus instrumentos: el compás, la escuadra, la regla, sus baibeles y saltarreglas junto a sus dibujos sobre papel y pergamino y sus plantillas de madera. La mayoría de los dibujos y trazas allí desarrollados se realizaban sobre grandes superficies de yeso que una vez utilizados, se perdían bajo la aplicación de una nueva capa de yeso.
Por extensión, el termino “taller” nos sirve para aludir al colectivo que, compartiendo ese lugar de trabajo, participaban en la obra de cantería de la Catedral; un colectivo heterogéneo y cambiante, en torno al cual se fueron generando una serie de normas, usos y costumbres que pretendían el orden y la cohesión en el grupo, así como una cierta estabilidad en las tareas de la obra.
Hablemos ahora de la jornada de trabajo en el taller y por extensión, de las obras. Era frecuente que en las grandes construcciones catedralicias el nivel de trabajo descendiera (incluso se suspendiera) con la llegada del invierno. La bondad del clima de nuestra región, solo alterada por el rigor del calor estival, permitió a la construcción disponer de un periodo muy amplio para mantener los trabajos activos.
A lo largo de todo el año los trabajos se realizan de sol a sol. Comenzaba al “amaneçer” y concluían con la “oración”. Pero la distribución y amplitud de los descansos dependía de la estación anual. En invierno se daba “una hora a medio dya de huelga” de doce a una para el almuerzo; y dos pequeños descansos de media hora distribuidos en la mañana y en la tarde. En verano los descansos de media hora se mantenía, pero el tiempo del almuerzo se ampliaba a dos horas.
Tal era el régimen de horarios que se mantenía en la obra de lunes a sábado, día este último que solamente se diferenciaba de los demás porque al final de la jornada se cobraban los salarios de toda la semana.
Sobre el comportamiento de los canteros en el taller y al margen de una asistencia puntual al trabajo, la “Fabrica” planteaba a los profesionales de la obra unas exigencias que literalmente se conocía como: “el modo que han de tener los maestros y offiçiales y canteros y peones”, se resumía en los requisitos que la “Fabrica” planteaba a cualquier profesional que fuera a ingresar en una obra: que fuese “un hombre buen trabajador, y paçifico, y honesto, para que en la dicha obra no aya ningún hombre escandaloso, ni revoltoso”; o lo que es lo mismo, que cumpliera esforzadamente con sus labores y acatara la disciplina del taller. Se desconoce si las normas vigentes eran leídas a los obreros que ingresaban en el taller y si estos juraban acatarlas, pero a buen seguro las más importantes eran conocidas por todos.
Del mismo modo se prohibía entrar en la obra con armas. Si se hallaba a un obrero con estas, se le imponía una multa de un real la primera vez y a la siguiente se le confiscaba el arma en cuestión. Solo una causa justificada, como la existencia de enemigos o algún peligro, justificaban al obrero ingresar con ellas en el taller.
Otras normas más cotidianas fueron objeto de la atención de quienes dictaron el Reglamento de las Cinco Llagas (Normativa aplicada a las obras de la construcción del Hospital de las Cinco Llagas 1558-1569):
-Hacer comentarios obscenos a las mujeres que pasaban junto a la obra; hablar con curiosos* o marcharse a comer fuera del recinto. De su cumplimiento se encargaba el aparejador como responsable de los propios canteros y el veedor de la obra, que en las tareas de seguimiento de horarios se veía asistido por el “campanero”. A ellos correspondía controlar la asistencia y el rendimiento. (Aprovechando quiero hacer en este punto referencia a la procedencia del nombre popular que toma una de las puertas de la Catedral, concretamente a la Sagrada Entrada en Jerusalén, en la fachada de oriente y que desde siempre se la ha conocido con el nombre de “la campanilla”; tomada precisamente de la ubicación de la esquila o campana que el “campanero” hacia sonar para comenzar o terminar la jornada de trabajo durante el tiempo que las obras estuvieron en ejecución. Y por extensión y para no pecar de agravio comparativo diremos que la puerta contigua al otro lado de la capilla real y compartiendo fachada, llamada de la Adoración de los Reyes Magos, conocida popularmente como puerta de Palos, se cree le viene ese nombre por ser lugar de acopio de la madera usada en la obra). Igualmente me gustaría ampliar una de las normas anteriormente expuesta como era: “hablar con curiosos” y que resulta algo chocante; un hecho habitual a pesar de la prohibición. Hay que tener en cuenta que los operarios eran profesionales foráneos, profundamente admirados, a los que se le atribuían una gran habilidad. Desde el comienzo de las estancias renacentistas cualquier transeúnte podía ver un cambio en el gusto de la obra, el gigantismo del edificio gótico resultaba impresionante, pero, ahora gozaban con el refinamiento de las labores de los entalladores que ultimaban los detalles en el exterior del muro, antes de ser montado por el asentador y los peones. Este fue el caso de los medallones y guirnaldas que adornan la parte alta del muro meridional y que fueron colocados en 1537. La plasticidad de sus formas sobre la blanca piedra de Morón, realizado por los masones debió ganar admiración de unos sevillanos que no gozarían menos con el espectáculo de verlos elevarse sobre sus cabezas, transeúntes que en su admiración no dejarían de atraer la atención de los operarios con preguntan y comentarios.

LA DIRECCIÓN DEL TALLER
Nada hubiera sido posible sin una base económica y una poderosa organización. A esa estructura encargada de percibir ingresos y financiar la obra se le denomino la “fabrica”. Tratabase de un organismo eclesiástico cuya función además de asegurar la financiación de la obra consistía en regular tanto el inicio como la producción incesante del taller. El mayordomo, cargo ocupado por canónigos, se ocupaba del abastecimiento de la madera y de la piedra necesaria para la continuidad de la ejecución y pagaba a los obreros y arquitectos. Por consiguiente “la fabrica” era dueña y señora de la obra. Este organismo se repitió en las obras de todas las grandes catedrales góticas de Europa.
Las ordenanzas de la Catedral de Sevilla aparecen encabezadas por las obligaciones y deberes del Maestro Mayor, el aparejador y el veedor; los hombres que la firmaron junto con el mayordomo. Los dos primeros eran los oficiales de la Fabrica responsables del Taller de los canteros. El veedor cumplía funciones de inspección y aprovisionamiento. Las trazas, la adquisición de materiales y herramientas, la organización de las labores a pie de obra y su seguimiento pasaban por estos cargos.
EL MAESTRO MAYOR: El maestro masón era el puesto de máxima responsabilidad a nivel técnico en la construcción de la Catedral y su autoridad descansaba sobre dos elementos fundamentales:
En primer lugar, a él corresponde la concepción arquitectónica y ornamental de la obra, tanto en el sentido general como en cada uno de sus elementos; y su transmisión a los subordinados por medio del diseño. Por otro lado, se ocupaba de la organización del taller, controlando la contratación de los canteros y organizando el reparto del trabajo diario; así como el seguimiento de las labores sobre el terreno, inspeccionando el trabajo de los canteros sobre la piedra y las propias trazas por él encargadas.
EL APAREJADOR: Este oficio surge ante la complejidad de las labores de diseño de los maestros mayores del gótico tardío. Las funciones principales otorgadas al aparejador aparecen encabezando su capitulo correspondiente en las ordenanzas de la Catedral de Sevilla:

”Lo que es a cargo del aparejador es dar a cada oficial sus piedras traçadas, para labrallas cada una para donde es menester, y darlas a asentar y mostrar cada una para donde es, para que los peones las asienten, y estar él pendiente al asentar”

Claramente le correspondía los detalles del diseño del corte de la piedra mediante plantillas o directamente sobre los mismos materiales y seguir personalmente las labores del montaje de las piedras. Por lo tanto este oficio era una pieza clave entre los proyectos del maestro mayor y la ejecución por parte de los canteros en la obra. Normalmente, era un cantero de categoría, dotado de un conocimiento básico en el arte de trazar. Formado en su oficio, su preparación había sido prácticamente practica y seguía manteniendo su trabajo sobre la piedra como el resto de los canteros.
EL VEEDOR: Ni era un oficial de La Fabrica, ni tampoco un cantero. Según las ordenanzas de la Catedral estas se centraban en tres aspectos esenciales:
-Controlar el nivel de asistencia y seguimiento de los horarios por parte de los peones y en función de ello, “dar la nomina hecha, cada sábado, de lo que cada uno ganó o falto”.
-Proveer a los mismos de las herramientas necesarias y guardarlas cada jornada, vigilando su buena conservación.
-Y finalmente; tasar “todos los materiales, ANSI de cal como ladrillo, e arena, e yeso e otras cosas” y comprar “todas las cosas necesarias a la obra”, de lo cual tenia que dar cuenta al Mayordomo.
CANTEROS Y PEONES
Bajo el nombre de canteros se conocían a todos los oficiales y maestros que trabajaban la piedra en la Catedral, incluidos el maestro mayor y el aparejador. A todos les unía la manipulación de la dura piedra y el uso generalizado de las herramientas más comunes*, las cuales solían tener en propiedad, a diferencia de los peones.
La especialización fue un hecho que determino la división del trabajo dentro del oficio, los limites no siempre fueron muy claro, pero se puede afirmar que dentro del oficio de la cantería, los asentadores, entalladores y moldureros dedicaban su tiempo a labores diferentes, con sus herramientas especificas y en función de las cuales percibían sus jornales correspondientes.
-Los Asentadores: Como bien indica su nombre, su función era la de asentar los sillares en el lugar correspondiente ayudado por los peones. Al igual que los antiguos alarifes, utilizaba el mortero de cal y arena, y manejaba con soltura el nivel y la plomada.
Debía ser un cantero experimentado, capaz de evaluar el comportamiento de los materiales antes de montarlos. El estado del aparejo de los muros y pilares dependía de su rigor, seleccionando los componentes del mortero y su destreza, labores que no siempre resultaban fáciles.
-Los Entalladores: En el taller, estos eran los canteros encargados de desarrollar las labores más complejas y delicadas sobre la piedra, aquellas que se realizaban con una intención ornamental, o incluso, escultórica. Realizaron los capiteles de las ventanas góticas y las claves floreadas de las bóvedas del crucero, así como los finos grutescos del interior de la sacristía mayor. Se servían de gran cantidad de herramientas para su trabajo, junto con la “escoda”, utilizaban otros instrumentos con los que obtenían mayor precisión en los trabajos, tales como el martillo y el cincel o “él trepano”, muy apropiado para conseguir efectos de gran plasticidad en el trabajo escultórico.
-Los Moldureros: Sobre ellos recaian las tareas más duras: tallar definitivamente los sillares, desbastar los bloques antes de ser esculpidos y, lógicamente, realizar moldurajes sobre la piedra. Para ello se valían, casi exclusivamente; de la pica y la escoda, de la sierra y el mazo. Componían el grueso de la nomina de los canteros.
-Los Peones: Eran trabajadores sin cualificar. Solían trabajar para los canteros, descargando piedras de las carretas, llevándolas hasta el taller y colaborando en su asentamiento, preparaban los morteros para el asentador. De ellos era responsable el veedor, quien controlaba su asistencia y distribuía las herramientas que le eran entregadas.
Quiero hacer mención en este punto a un colectivo que aunque no se ubicase físicamente en nuestra ciudad y no formara parte de la disciplina del taller, si participó y contribuyó en la ejecución de la obra magna con una labor importantísima: me refiero a los operarios que trabajaban sacando la piedra de la cantera y comenzando “in situ” a dar forma a la piedra bruta recién salida. La mayor parte del material pétreo que se colocó en la Catedral procedió de las canteras ubicadas en el cerro de San Cristóbal (Puerto de Santa Maria) y tuvo una presencia tal que podemos considerarla como uno de los rasgos más característicos de la Catedral gótica.
Al Puerto de Santa Maria no fue preciso desplazar a nadie. Allí se había desarrollado una pujante industria, dominada, sobre todo, por canteros jerezanos. Estos profesionales se habían convertido en auténticos especialistas en la saca de piedra de la cantera, lo que no fue óbice para que participaran y jugaran un importante papel en la evolución constructiva de las localidades del entorno, fundamentalmente en Jerez y El Puerto. Algunos de ellos sin duda participaron y colaboraron en la propia Catedral de Sevilla.
Con el tiempo, en los grandes edificios la piedra para la fina talla perdularia en las portadas, columnas y pilastras, pero el otro tipo se abandonaría para ser ocupado por el ladrillo. Volviendo de esta manera al estado en que se encontraba la construcción en los siglos posteriores a la reconquista y periodo pre-catedral.
El destino había querido que la Catedral de Sevilla realizada por masones operativos, enclavada en una llanura de aluvión, se convirtiera en toda una referencia para el arte de la cantería, después de dos siglos de trabajo, una referencia que halló el reflejo más directo en las obras que se ejecutaron en su área de influencia. Primero, con la realización de las grandes iglesia gótica de Jerez, El Puerto de Santa Maria, Arcos de la Frontera, o Carmona.
Con el s. XVII vino la decadencia económica de la ciudad y la vuelta de las tradiciones locales en las obras más representativas. El Barroco sevillano volvió a hacer uso del ladrillo que, en los casos más monumentales, se combinaba con la piedra en las fachadas, tal como Herrera resolvió de la Lonja hispalense. La obra del Sagrario de la Catedral, en este mismo siglo, o la fabrica de tabacos, realizado en el siglo siguiente, fueron las excepciones.
Las posturas historicistas del s. XIX, con el desarrollo del neogótico y las obras de restauración, volvieron a exigir el uso de la piedra e la Catedral. Las quejas del arquitecto responsable, Adolfo Fernández Casanova, ante la falta de artesanos capacitados y la posterior formación de su propio taller de canteros podrían interpretarse como un episodio común en la actividad constructiva mantenida en la Europa del momento, en torno a las viejas catedrales góticas.
La conclusión definitiva de la Catedral culminó con la terminación de la puerta de la Asunción en la fachada de occidente en 1927. Aunque mucho antes, a mediados del XVII, y coincidiendo con la terminación de las dependencias renacentistas y la iglesia del sagrario, casi la totalidad del edifico catedralicio esta terminado y con ello una disminución en la actividad del gremio de constructores de la piedra. Aun se realizaría, ya en su totalidad ya en parte, algún que otro edificio de cantería. La Lonja, actual archivo de Indias, y la Fabrica de Tabacos entre los más importantes. La masonería operativa paulatinamente desapareció por motivos anteriormente expuestos, vuelta aun estilo más tradicional en la construcción y por tanto la falta de actividad.
Masones en Sevilla, masonería en Sevilla, sevilla masonesLa evolución que se dio en Inglaterra al admitir a miembros ajenos a las obras (masones aceptados) en los talleres y que dio origen a la masonería especulativa, no se llevo a cabo en nuestra ciudad, resultado ello de la suma por la falta de un gremio de masones fuerte, la inexistencia de una tradición de constructotres bien arraigada y la desconexión entre los intelectuales ilustrados del momento y los miembros operativos del taller.

El caso es que tuvimos que esperar algunos años para que aparecieran las primeras logias masónicas en Sevilla. No obstante debemos tener presente el sentido de hermandad y el conocimiento que nos legaron, aun sin saber la importancia que tendría su quehacer en nuestra actitud cotidiana y en los actos ritualísticos, ligados a la fantástica Montaña Hueca que es la Catedral, llena de simbolismos masones , señales, “marcas” que nos indican que ellos estuvieron antes aquí y que debemos recoger “la piedra” ya cúbica para entregársela a generaciones venideras.

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Logia Masonica en Sevilla
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Logia Masonica en Sevilla
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Logia Italica 107,Sevilla-
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Masoneria regular en Sevilla
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Respetable Logia Itálica 107 da la bienvenida a los que deseen formar parte de la masonería en Sevilla. Logia regular en Sevilla. R Escocés antiguo y aceptado